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martes, 5 de mayo de 2009

La romería del mes de mayo

San Josemaría aconsejaba hacer un regalo a la Virgen María en el mes de mayo: acudir a un santuario dedicado a la Madre de Dios y rezar el Rosario. El fundador del Opus Dei acostumbraba a hacerlo acompañado de poca gente, caminando un trecho hasta el santuario, y dirigiéndose con piedad a la Virgen. Decía el santo: “Ojalá sepas y quieras tú sembrar en todo el mundo la paz y la alegría, con esta admirable devoción mariana y con tu caridad vigilante”.
TRAS LOS PASOS DE SAN JOSEMARÍA
2 mayo de 1935. En esa fecha, San Josemaría inició en el Opus Dei la costumbre de la romería mariana en el mes de mayo. Aquel día, acompañado por dos estudiantes, peregrinó a Ávila (España) para honrar a la Virgen en su ermita de Nuestra Señora de Sonsoles. Quería agradecer, de una manera especial, los favores que de ella habían recibido ese curso. Este es el relato de aquella primera romería. Desde entonces, miles de personas honran de la misma manera a la Virgen.
“Decidida la marcha a Sonsoles, quise celebrar la Santa Misa (...) antes de emprender el camino de Ávila. En la Misa, al hacer el memento, con empeño muy particular —más que mío— pedí a nuestro Jesús que aumentara en nosotros —en la Obra— el Amor a María, y que este Amor se tradujese en hechos. Ya en el tren, sin querer, anduve pensando en lo mismo: la Señora está contenta, sin duda, del cariño nuestro, cristalizado en costumbres virilmente marianas: su magen, siempre con los nuestros; el saludo filial, al entrar y salir del cuarto; los pobres de la Virgen; la colecta de los sábados; omnes... ad Jesum per Mariam; Cristo, María, el Papa... Pero, en el mes de mayo, hacía falta algo más. Entonces, entreví la "Romería de Mayo", como costumbre que se ha de implantar —que se ha implantado— en la Obra”.
Sin entrar en el recinto amurallado [de Ávila], se encaminaron directamente hacia la ermita. Desde lejos veían el santuario en lo alto de la ladera. Rezaron un rosario a la subida; otro, dentro, ante la imagen de la Virgen, en medio de ex-votos y ofrendas; y la tercera parte, de vuelta a la estación de Ávila. De las incidencias de la romería sacó tema el sacerdote para hacer a los suyos consideraciones sobre la perseverancia: “Desde Ávila —cuenta San Josemaría—, veníamos contemplando el Santuario, y —es natural—, al llegar a la falda del monte desapareció de nuestra vista la Casa de María.
Comentamos: así hace Dios con nosotros muchas veces. Nos muestra claro el fin, y nos le da a contemplar, para afirmarnos en el camino de su amabilísima Voluntad. Y, cuando ya estamos cerca de El, nos deja en tinieblas, abandonándonos aparentemente. Es la hora de la tentación: dudas, luchas, oscuridad, cansancio, deseos de tumbarse a lo largo... Pero, no: adelante. La hora de la tentación es también la hora de la Fe y del abandono filial en el Padre-Dios. ¡Fuera dudas, vacilaciones e indecisiones! He visto el camino, lo emprendí y lo sigo. Cuesta arriba, ¡hala, hala!, ahogándome por el esfuerzo: pero sin detenerme a recoger las flores, que, a derecha e izquierda, me brindan un momento de descanso y el encanto de su aroma y de su color... y de su posesión: sé muy bien, por experiencias amargas, que es cosa de un instante tomarlas y agostarse: y no hay, en ellas para mí, ni colores, ni aromas, ni paz”.
En recuerdo de esa romería, con Josemaría guardaba en una pequeña arqueta un puñado de espigas como símbolo y esperanza de la fecundidad apostólica en el mes de mayo.
Texto de “El Fundador del Opus Dei”. A. Vázquez de Prada.

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