martes, 3 de febrero de 2009
Cómo formar el carácter del los hijos
Cómo formar el carácter de los hijos
James Stenson
Muchos padres hoy en día, quizá por su formación débil, tienen ideas muy equivocadas con respecto al papel de los padres, de modo que ellos y sus familias se topan con frustración, desengaño, y a veces con verdaderas tragedias.
Para que los hijos puedan evitar este problema, los padres necesitan un programa claro de su tarea como padres. Junto con esto, y relacionado con ello, saber qué errores evitar.
Muchos padres creen, equivocadamente, que su papel consiste en preservar el carácter, no formarlo. Es decir, creen que los niños llegan al mundo con rasgos hermosos, inocencia admirable, y que el papel de los padres es conservarlos mientras los niños crecen.
Desde otro punto de vista, estos padres equivocados consideran su tarea como mantener a los niños ocupados todo el tiempo, porque "una mente ociosa es el taller del demonio". La vida de la familia, entonces, se dedica especialmente a huir del aburrimiento y proteger a los niños de los así llamados "malos compañeros". Estos padres parecen creer que sus niños van a desarrollarse naturalmente hasta llegar a ser hombres y mujeres escogidos, siempre que puedan mantener intactas sus cualidades infantiles. Hay algo de verdad en esta visión, sin duda. Tiene que haberla, porque de otro modo nadie la creería. Es cierto que los niños chicos tienen algunos rasgos encantadores que deben ser preservados en la vida.
En primer lugar, cuando se les enseñan las verdades de la fe, los niños tienen un hermoso y fuerte amor a Dios. Tienen gran amor por su familia, sus padres, hermanos y hermanas. La pesadilla más terrible para un niño es el verse separado de su familia. Tienen amor a la vida, con felicidad radiante de estar vivos. Cada mañana el niño despierta y ve el día como un regalo, una oportunidad para pasarlo bien y entretenerse con la familia y los amigos. Trabajo y juego son lo mismo, y los niños están siempre listos para reír.
Los niños tienen un amor especial por la verdad. Su observación de la verdad es persistente, a veces sorprendente y ocasionalmente causa vergüenza a los adultos que están por ahí. Los niños chicos son muy malos para mentir; solo más tarde, cuando crecen, aprenden a mentir, tanto a los demás como a sí mismos. No cabe duda que los niños debieran conservar estos amores por toda la vida. Y lo harán siempre que los vean reflejados en la vida de sus padres . Al crecer, los niños deben ver que sus padres todavía aman a Dios, su familia, la vida misma, y la verdad.
Pero es igualmente evidente que los niños son víctimas de los resultados del pecado original. Junto con aquellos rasgos encantadores mencionados, tienen defectos graves, faltas que se hacen más evidentes después de los dos años, cuando comienzan a decir " No" y lo piensan. Se muestran como criaturas centradas en sí mismas, totalmente dedicadas a satisfacer sus apetitos y pasiones, y decididos a dominar las vidas de los que los rodean por la fuerza o por manipulación. (Cualquiera que tenga dudas sobre esto debiera observar el patio de una guardería por unos pocos días; estos defectos se notan más claramente, y nos abisman, en los niños ajenos).
Y más adelante vemos estas mismas faltas en adolescentes y aun en personas mayores. Porque el simple hecho que experimentamos en la vida es este: si los niños crecen sin que se corrijan estas faltas, entonces estas se hacen habituales, y aun monstruosas. Los niños llegan a la adolescencia y a la edad adulta como versiones más grandes de lo que fueron en la infancia, pero con los rasgos buenos desdibujados. Niños que han sido formados pobremente llegan a la edad adulta como personas centradas en sí mismas, movidas por apetitos y pasiones, y obsesionadas con dominar a otros. Aunque tengan buenos empleos y ganen salarios cuantiosos, sus vidas son un desastre. Están mal preparados para el matrimonio y otras responsabilidades importantes, y frecuentemente terminan con hogares destruidos y niños totalmente descontrolados.
Es triste, pero este desarreglo familiar en el que los niños crecen en edad, pero no maduran tiende a afectar a esas familias mencionadas anteriormente, en las que los padres solo se preocupaban de mantener a los niños ocupados y entretenidos, y contaban con el paso del tiempo, de alguna manera, para tornar a sus niños en adultos responsables. Todas las correcciones de los niños, entretanto, fueron vistas como mero control momentáneo, destinado a mantener la paz y el silencio como un fin en sí, y limitar los problemas a un mínimo.
Los padres desorientados que crían a sus niños de esta manera, se topan frecuentemente con desengaños y se les parte el corazón. Con frecuencia ven a sus niños desarrollarse como narcisistas hábiles, personas que no se preocupan de sus padres ni de sus hijos si es que los tienen . Estas tristes consideraciones, por contraste, llevan a una descripción de la tarea que Dios les ha encargado.
El papel de padre no es un mero mantener a los niños ocupados y sin problemas. Uno no está llamado a hacer la vida de los niños una serie ininterrumpida de sensaciones agradables, un aprendizaje práctico de un esfuerzo de toda la vida por el placer y por controlar a otros. La tarea que Dios ha encomendado a los padres es esta: están llamado a pasar años de esfuerzo y sacrificio, para guiar a sus niños, para que lleguen a ser personas competentes, responsables, considerados, comprometidos a vivir toda una vida guiada por principios cristianos, cueste lo que cueste.
La tarea es criar adultos, no niños. La misión es formarles el carácter y la conciencia en las mentes, en los corazones y en la voluntad. Tienen que esforzarse tras este ideal cada día, sin descanso, y reconociéndola como su mayor responsabilidad en la vida.
¿Qué es el carácter?
Miremos el carácter en detalle. ¿Cómo podemos definirlo?
Carácter es la colección de hábitos buenos formados en la mente y en la voluntad de los jóvenes. Estos hábitos se llaman virtudes o fuerzas de carácter. Ahora podemos considerarlos en esquema. Las virtudes cristianas fundamentales son siete:
• Fe: creer en Dios y en todo lo que ha enseñado por medio de la Iglesia, incluyendo lo que enseña sobre el propósito de la vida humana que nos ha hecho para que lo conozcamos, lo amemos y lo sirvamos aquí en la tierra, y para ser felices con Él, para siempre, en el Cielo .
• Esperanza: la confianza de que Dios nos cuida como un padre amante y que, por consiguiente, no tenemos nada que temer; Él nos ayudará en todos los problemas de la vida y nos dará los me dios para alcanzar la salvación eterna.
• Caridad: el amor a Dios por encima de todas las cosas, y el amor a los demás por Él; la visión de que cada uno es un hijo de Dios y que lo servimos a Él cuando servimos a los demás, nuestros hermanos y hermanas en la familia humana.
• Buen juicio y conciencia (prudencia): el pensar correctamente sobre la gente, los sucesos y nosotros mismos; la habilidad de discriminar en las cosas importantes de la vida verdad y mentira, bien y mal, lo hermoso y noble , de lo pedestre.
• Responsabilidad (justicia): reconocer y respetar los derechos ajenos, que es el origen de nuestras obligaciones; un sentido del deber por el bienestar y la felicidad de los otros; la voluntad y habilidad de vivir con las consecuencias de nuestras decisiones libres, incluyendo nuestros errores.
• Perseverancia valiente (fortaleza): la voluntad y habilidad de sobreponernos o soportar problemas, sin buscar rehuirlos; la capacidad de tolerar dificultades, aun dolor e incomodidad, y de sobreponerse a los reveses y desengaños.
• Control de uno mismo (templanza): la capacidad de decirnos que "no", de diferir o pasarnos sin gratificaciones; el poder de sobreponernos a las pasiones y apetitos; la costumbre de disfrutar de las cosas buenas de la vida con moderación.
Este es, en resumen, el carácter del cristiano. Es real y algo que todos podemos alcanzar. Lo conocemos cuando lo vemos en otros, y debiéramos querer verlo crecer en el alma de nuestros niños.
JAMES B. STENSON es autor de varios libros sobre educación, con gran éxito entre padres y educadores. Entre ellos, el libro Cómo tratar a los adolescentes, y Guía para padres que quieren tener éxito Es un educador con más de 20 años de experiencia y conferenciante de prestigio.
Fuente: www.educar.cl
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Todo un desafío, pero con la ayuda de Dios se puede. Gracias por brindarnos exelente material.
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